Iglesia

Capillas y campanas

Capillas de adobe y campanas de oro

En el va­lle Cal­cha­quí las cul­tu­ras in­dí­ge­nas son muy an­ti­guas. Pue­blos co­mo Mo­li­nos, El Car­men, An­gas­ta­co y otros se cons­tru­ye­ron di­rec­ta­men­te so­bre asen­ta­mien­tos abo­rí­ge­nes. En la lo­ca­li­dad de Mo­li­nos lla­man la aten­ción las vie­jas ca­sas con puer­tas es­qui­ne­ras o ge­mi­na­das, pa­ra cu­ya ra­zón de ser no hay una ex­pli­ca­ción con­clu­yen­te.

 

La ve­tus­ta igle­sia se ha­lla fren­te a la ca­sa ha­cien­da de los Isaz­men­di (hoy hos­tal). La lo­ca­li­dad to­ma su nom­bre de los nu­me­ro­sos mo­li­nos de agua pa­ra ce­rea­les, de los que hu­bo mu­chos en la re­gión; al­gu­nos po­cos, aún fun­cio­nan.

 

En El Carmen, al norte de Angastaco, se encuentra el oratorio más antiguo de Calchaquí. En tiempos pasados se decía que en la torre de la capilla colgaba una campana de oro puro. El va­lle Cal­cha­quí ofre­ce con­di­cio­nes idea­les pa­ra el cul­ti­vo de ajíes des­ti­na­dos a la pro­duc­ción de pi­men­tón; cuan­do se es­par­cen pa­ra ser se­ca­dos al sol con­fie­ren al es­ce­na­rio un tin­te par­ti­cu­lar.

 

An­gas­ta­co es­tá cons­trui­do en­tre mé­da­nos con­so­li­da­dos de are­nis­ca blan­ca y es un buen ejem­plo de có­mo los cul­ti­vos (aquí, la vid) se dan has­ta don­de lle­ga el agua. El vino To­rron­tés que se pro­du­ce aquí es tan ex­qui­si­to co­mo el pa­te­ro y el Mis­te­la.

 

 


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